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jueves, 27 de octubre de 2011

Soyez toujours fous!

Parafraseando un poco a Jobs copio y pego hoy la entrada más personal de todas las que llevo hasta el momento.

(Esta entrada podéis leerla con La Vie en Rose de fondo si sois puristas o mejor con el disco Blood Pressure de The Kills, que ha sido lo que me ha acompañado estos días en el ipod)


Quizá no sea nuevo decir que París, además de los clásicos monumentos turísticos de siempre, que siempre serán bellos y nunca aburrirán, tiene mucho más.
Había olvidado lo que me gustaba París, había olvidado lo bien que me hacía sentir esta ciudadpero en apenas cinco días todo esto me ha hecho recordar...

Bajando desde Place de Fêtes a Belleville para comer cerca del café Chérie…


Haciendo el clásico tour por el Sena en barco a la luz del atardecer otoñal con sus reflejos anaranjados sobre los árboles y tejados de la Île de la Cité y la Île de Saint Louis…



Riéndome a más no poder haciendo el idiota en el césped de la explanada del Sacré Coeur…


Cenando en Bastilla en el Café L’Industrie un increíble confit de canard con gratin daphinois y vino de la casa...
Yendo a buscar a viejas amigas a sus nuevos trabajos; la sonrisa que recibes de su parte cuando ven una cara española conocida en medio del gentío es suficiente recompensa.

Descansando en el piso de un amigo y viendo como llueve por la ventana con vistas al Sacre Coeur, al Parc de la Villete y al peripherique con sus atascos en hora punta…

Comiendo en un indio en el pasaje Brody, justo al lado del Chez Jeannette del Faubourg Saint Denis, bar de moda que me trae distintos recuerdos…

Cenando un sorprendente menú a base de coco y crema de cacahuete en un indonesio en Luxembourg.

Bebiendo cervezas y comiendo frites hasta las tantas hablando de trabajo, política, futuro… con viejos y nuevos amigos  “hola, ¿sois amigos de Raquel?” “Sí, ella se ha ido, pero ¡tomate una cerveza con nosotros, hombre!” en un barecito con las paredes llenas de fotos de carné, multas de metro y viejos carteles de exposiciones...

Comprando llaveros de los años 60 en la zona de antigüedades del Mercado de las Pulgas, después de pasar por mi antigua residencia…

Pasando por mi tienda vintage favorita solo para ver que sí, que sigue ahí, con su barullo de ropas a un euro y sus bolsos de abuela a veinte...

Comiendo en el japo de siempre el menú de siempre…

Visitando cual turista La Basílica de Saint Denis, el Museo Carnavalet de la Historia de París y el Panteón o sola o bien acompañada, siempre riendo, siempre encontrando el lado divertido de todo. Descubriendo los emplazamientos de las tumbas de Maria Antonieta y de mi querido Alex Dumas y sentir un curioso no sé qué interior…
vidrieras en Saint-Denis

Aquí yace uno de lo grandes.


Redescubrir las cosas que ya conocías, descubrir cosas nuevas, todo eso me ha hecho recordar sin la tristeza temida, sino con una cálida y acogedora nostalgia que me hizo sentir muy feliz por lo que viví y me dio (nuevas ganas) de comenzar  lo que me queda por vivir.

Me he quedado sin ir a ver Le Songe d’une Nuit d’été en teatro, sin ver la exposición de Munch en el Pompidu, y sin ir de cerves por Oberkampf y Menilmontant… pero creo que no moriré por ello.

Y voy a ponerme una película que ya han puesto los altavoces de Ryanair a tope anunciando los rascasyganas y los cigarrillos de mentira y esas cosas.

(Malescrito un 20 octubre 2011 desde el aire, publicado tardíamente por razones de conexión a Internet).
Hasta la próxima.

3 comentarios:

  1. Algún día tienes que enseñarme tu París, el de los turistas ya lo tengo visto...

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  2. Es preciosa la entrada, Tere. Y respecto a las cosas que has dejado sin hacer, siempre habrá cosas por hacer, por eso siempre nos quedará París.

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  3. qué bonito T...me has puesto nostálgica...

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